Se debe alimentar con mismo recaudo al cuerpo físico y al cuerpo deseante. La falta de alimento genera hambre en el primero y depresión en el segundo. El primero es cuerpo de necesidad, el segundo es cuerpo de placer. La mortificación es la práctica de matar de inanición los cuerpos del hombre. Reducir a necesidad lo que es deseo es conducir al hombre hacia la bestia. Los cuerpos del hombre han de nutrirse de forma pareja, cada cual con su alimento.
El cuerpo deseante se alimenta de cosas que son innecesarias para el cuerpo biológico. Establecer el valor de un alimento en función del cuerpo equivocado acarrea sólo problemas y culpa.
Los alimentos no son únicamente comida en el sentido habitual del término, sino todo aquello que al incorporarse modifica y es modificado. El oxígeno es alimento. El perfume es alimento. El primero es alimento del cuerpo físico, el segundo es alimento del cuerpo deseante.
La armonía entre ambos cuerpos, sus correctas nutriciones y metabolismos, se expresan en forma de salud. La salud es correspondencia. La enfermedad es fricción. Cuando ambos cuerpos funcionan desarticuladamente se generan huecos, burbujas, de manera similar a cuando se coloca incorrectamente un adhesivo sobre una superficie. Es en esas burbujas que germinan las enfermedades, la mayoría de ellas. Por supuesto el camino a la enfermedad estará más facilitado en la medida en que la superficie del cuerpo físico no sea lisa. Es el caso habitual. Un cuerpo físico maltratado hace imposible una correcta fusión con el cuerpo deseante.
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