Hay quienes se interesan por las personas, y hay quienes se interesan por lo que éstas les producen. Las primeras son buenas personas. Las segundas son personas comunes. Amar por el efecto y no por la causa, cuando es efecto es en uno, y la causa es el otro, es amarse a uno mismo y a nadie más. ¿Si yo te amo por lo que obtengo de ti, a quién amo realmente?
Hay un amor propio que es bueno. Hay un amor propio que es desamor del semejante. El sabio es hermano mayor de sí mismo, y se ama como un hombre ama a su hermano pequeño. Su amor propio extiende. El necio se ama como un amante enfermo, siempre en guardia respecto al mundo. Su amor propio comprime.
El necio comprime por temor al mundo. Se repliega y en su amor propio odia al semejante… su enemigo. Para el necio el mundo está en su contra. El sabio ama, y no hay quién, ni dónde, no hay formas ni nombres ni historias. Él y el mundo son lo mismo. No se rompe. No hay por dónde.
Lo más difícil es amar realmente a otra persona. Y no por falta de amor. Sino por falta de reconocimiento del otro como alguien. Todavía no se alcanza la meta de comprender que el otro es un semejante y lo que esto significa: No sólo que el otro vive, sino que late, sufre y tiene miedo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario