Hijo. Caminarás por la arena de la orilla, descalzo, y verás
al agua hundir en lo profundo las huellas de tu camino.
Te abrirás paso entre las piedras y los moluscos,
con el ímpetu de una idea cabalgando una estrella,
serás como siempre has sido: una luz que avanza despacio
terca y ansiosa.
Frotarás tu mente y tu codicia sobre un manto de experiencias
y arrastrarás contigo el polvo multicolor de lo vivido,
inconsciente como un martillo hasta la tumba,
guiado por otro martillo en las entrañas
Una a una tus pieles caerán como los cielos de la tarde
y cada nuevo día estarás más lejos de la luna,
caminarás sobre el vidrio de tus viejos nombres
como un faquir, como un profeta
y entonces la paloma, la más ligera, la más suave
despertará tus ojos al otro lado de la niebla espesa.
Aprenderás a verte desnudo,
como la ingenua luz del verano que vuelve al sol
y verás también todas tus especies,
todas tus hazañas
y sentirás profunda paz, profunda como el día
imposible de agarrar e imposible de perder.
Habrás vivido lo suficiente
para entender
que eres
infinito.
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