miércoles, 1 de diciembre de 2021

El Niño

La condición humana es delicada, siempre endeble, un casi avanzar a tientas. No puede culparse a nadie por su ignorancia, pero todo aquel que llega a saber es responsable por los otros y por sí mismo y no puede sencillamente desentenderse sin retroceder. A la larga o a la corta se debe ser consecuente con lo que fue sembrado, y nadie siembra para no cosechar. Todo ha supuesto su trabajo, su esfuerzo, desde el bruto origen a través de las piedras hasta el claro amanecer de la razón. Se han conquistado por amor uno tras otro los reinos de la existencia. Pero el camino recién empieza y la aventura es extensa y se pierde en lo lejano. Hay mucho por hacer. Y hay poco tiempo disponible para cada envoltura. Somos responsables por cada minuto y cada minuto es un peldaño apostado al miedo o apostado al amor. Cada criatura es un aljibe repleto de tesoros, un aljibe que muchas veces es ciego a su profundidad y al rumor de sus aguas. Nuestro deber es ser como la soga y el balde, como el eje y la polea. Nuestro deber es Servir a la revelación de La Luz oculta. Ser canción de trompetas llamando al niño que duerme en lo profundo. 

Uno de los deberes será ver al niño en cada rostro y reconocer bajo todos los nombres el mismo nombre. Ver al niño es aquello que une lo quebrado. Inocencia Divina. Despertar al niño será un arte, porque El Niño está dormido. En algunos reposa casi al descubierto, en un cuarto de ventanas abiertas. En otros, bajo miles de frazadas, en paredes grises. Hay niños que duermen por temor y hay niños que aprendieron a dormir a palizas. Despertar al niño no puede ocurrir sin ver al niño. Por eso lo primero es verse niño. Eso es renacer. Volver a la niñez. No es necesario morir para volver a nacer. Solamente es necesario verse niño desde adentro. No sos culpable. No estás loco. No sos malo. Sos un niño mirando la estrella entendiendo que todas son la misma. 

Cuando se ve El Niño que duerme en lo profundo se simpatiza con todo, porque todo, incluso la tierra, tiene su propio niño durmiendo. Todo cuanto existe está un poco despierto, un poco dormido. Todo aún debe desplegarse un poco más. Puede brillar un poco más. 

Se debe andar con respeto, porque todos los niños son delicados, de humor volátil, pasajeros. Se debe andar de puntas de pie, no para cuidar su sueño y fantasía, sino para que despierte suavemente, como una flor hecha de aire perfumado. Despertar debe ser parecido a un olvido, algo que sucede en silencio. Y El Niño que duerme bajo mil frazadas se debe despertar con el mismo amor que aquel que duerme cubierto por el cielo. Allí uno llamará con mayor presencia, aquí con apenas un silbido. Si El Niño está demasiado arropado… indaga el frío. Porque El Niño ha tenido frío para cubrirse así. Y el frío y el miedo son lo mismo. De nada sirve ser un extraño con alguien tan asustado. 

Observa tu niño desde adentro, descubre quién eres, ingenuamente, donde eres inocente como una palabra que aún nunca ha sido pronunciada. Cuando seas capaz de ver tu niño verás los niños de todas las cosas.

Luego contempla las nubes que has pintado sobre sus rostros y entiende bien qué es lo que debe desprenderse. Las diversas frazadas bajo las cuales te has quedado dormido, por pereza de estar despierto, por miedo o por descuido. Cuando seas un niño despierto otros niños vendrán a jugar.

Protege a tus semejantes de la ignorancia y el engaño, pero comprende que a veces se protege ilusionando. Darle a un ser una excusa para desear mantenerse despierto es la mejor excusa.

Procura siempre no matar. Aprende a respetar hasta al más odioso de los insectos. Si matas un insecto pídele disculpas. Bendícelo. Por una mejor vida, más elevada. 

No permitas la injusticia. Entiéndela. No seas injusto. Entiéndete.

Debes comportarte como un hermano mayor para tus hermanos. Hay un ejemplo que es necesario que le prestes a tus semejantes. 

Cada pensamiento, palabra y acto es una semilla. Todas las semillas tarde o temprano germinan. Todos los árboles tarde o temprano son un bosque.    

Recuerda todo esto. No será preciso cobijarse. El cielo estrellado es suficiente.


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