Lo que estás pidiendo no es para nada sencillo dada la manera en que ustedes están actualmente configurados por la Conciencia. Pero llegado el caso de alguna excepción, porque de vez en cuando las hay, lo primero que debería hacer el candidato es eliminar de su cabeza cualquier registro de equivalencia entre el Cuerpo y esa bolsa de carne que es su medio de transporte habitual. Mientras siga imaginando que su Cuerpo mental tiene la misma forma animal que su estuche, el candidato no tiene más que golpearse la frente contra la mesa. Primero debe deshacer ese embrollo y volverse consciente de su verdadera condición (aunque no final). El humano ha de meditar respecto a su naturaleza filamentaria y luminosa y también acerca del modo en que su naturaleza está entretejida a la naturaleza de las demás presentaciones de su realidad. Ha de entender que no puede levitar sin que levite con él todo su mundo, su universo completo. Su materia es la materia de toda la realidad y un cambio semejante altera al conjunto.
Cada conciencia personal no es más que una sintonía de la Conciencia, una primera persona del singular de un término indefinido. Cada cuerpo no es más que una sintonía de la Materia, una primera persona del singular de un término indefinido.
Para generar el fenómeno de la levitación entonces, el candidato debe tener en cuenta esa primera observación: como no puede moverse sin que se mueva con él todo el entorno, lo que debe hacer no es tanto elevarse como desplazarse. Ha de reemplazar toda idea de elevación por la idea de desplazamiento. Luego ha de entender de qué se trata el acto de desplazarse: básicamente crear espacio. El candidato deberá comprender la levitación como un desplazamiento que consiste en la creación de espacio. La creación de este espacio ha de ser comprendida como la participación de las cuatro dimensiones conocidas más una quinta.
El candidato podrá servirse de un sencillo ejercicio de visualización.
“Usted se verá hecho de hilos. Usted verá que estos hilos son continuos respecto al cuarto en el que usted se encuentra y a los diversos objetos que se hallan junto a usted y al espacio “vacío”. Usted verá el vacío conformado por hilos, igual que usted y que las cosas. Verá que su cuarto se halla unido al mundo y éste al universo. Verá que todo es un tejido muy extenso… Ahora usted introduce un dedo y estira los nudos. Y esos nudos que se alejan generan un espacio que desplaza el punto de la trama que corresponde a su cuerpo”.
Algo similar a la sensación que se obtiene al repetir la visualización citada es lo que debe sentir el candidato para considerarse orientado convenientemente en el progreso hacia su meta. Ha de sentir que se desplaza junto a él una minúscula porción de todo lo que lo rodea inmediatamente: La porción del hilo donde la forma suya comienza a fundirse con la porción del hilo de las cosas que lo rodean. De allí que en las ficciones del mundo, los sabios de entre ustedes pusieran a los hombres a flotar adheridos a una alfombra. Lo inmediato a usted se estira junto a usted, hacia arriba, o hacia los lados, cuando se fuerza un estiramiento de la matriz.
El candidato luego deberá fijar un ancla entre la quinta dimensión y las cuatro acostumbradas. Habrá de entender que debe ligar de especial manera los hilos que unen la materia y la conciencia. Deberá comprender cabalmente que el desplazamiento que se propone no sirve de nada que se lo proponga el cuerpo solamente, dado que el cuerpo sólo puede moverse en el mismo lugar; incluso pensar en el mismo lugar.
Puedo asegurarle al candidato que es mucho más sencillo levantarse y levantar la taza con el brazo, que desplazarla generando espacio en la trama mediante un eslabón de conciencia-materia que además habría que “convencer” para que se dispusiera a participar en semejante puerilidad que sólo arrojaría resultados menos sobresalientes que los de cualquier yogui de feria.
Las cosas no son objetos adheridos a piolines que usted pueda manejar como un titiritero. El candidato debe comprender en toda la expresión de la comprensión que él y las cosas son momentos de un piolín, puntos vagos pero más o menos fijos en un espectro único.
Si el candidato se propusiera hacer levitar una taza desde el suelo hasta la mesa ante la que se encuentra sentado, haría bien en configurarse a la idea de tirar desde la taza hacia la mesa o bien, que es lo mismo, estirar la taza hacia la mesa. Esto, claramente, no puede hacerse sin arrastrar también una porción del piso. No hay “levitación” sin “deformación” del entorno.
El grado de deformación contextual (que es a su modo también una deformación conceptual) puede ser reducido y de hecho hay civilizaciones apenas más avanzadas que la terrícola que ya están volviéndose aficionadas a reducir la aberración más y más, casi como ustedes reducen el tamaño de sus teléfonos y proporcionalmente la capacidad de su atención.
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