Luces navideñas flotando en glicerina y
jóvenes sonriéndole al asfalto mojado.
Un avión se desliza entre las nubes,
aullando orgulloso como un cigarro.
Huele a carne y miel
sobre un tapizado nuevo.
Caras de cartón bajo la piel,
despiertan con la luna.
Cual pálida cigüeña de espejos
venías plegando los brillos.
Si hasta yo que andaba tenue y tranquilo
tropecé con la sombra de tu vestido.
Bailar así como cayendo es vivir.
Al menos por un tiempo.
Suspendido en el aire
a un centímetro del adoquín y el pasto,
como un dios desprevenido,
feliz con su tropiezo.
Cada tanto abrís los ojos
Y ves el historial de tus caídas.
La mayoría de las veces nada cambia.
Otras veces cambia todo.
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