La Conciencia, en sí, es inalterable. En tanto tal, no hay ciertamente alteración, mucho menos: estados alterados de la misma. Lo que se altera, llegado el caso, es la atención, o lo que suele llamarse conciencia pero con minúsculas, la conciencia concreta, la conciencia material. La Conciencia abstracta es infinita, plural, una; no encarnada.
La alteración entonces es de otra cosa. Es de nuestros… receptores. Se altera aquello con lo que sintonizamos la Conciencia. El Puente. El Arco. El Cordón. Son palabras. Una misma idea.
Puede “estimularse” un televisor para que sintonice dos imágenes diferentes, superpuestas, al mismo tiempo. En tal caso lo alterado no es el “programa”, la “transmisión propiamente dicha” sino el aparato, la máquina.
En esos casos… el punto de encaje se desplaza. Se mueve. Digamos que se corre hacia otras hebras de conciencia. A veces esto ocurre de manera… natural, aunque lo más frecuente es que suceda de forma violenta o forzada, con la ayuda de condiciones rítmicas o con sustancias.
Al consumirse una planta con efectos psicotrópicos, el punto de encaje se desplaza hacia las regiones concienciales correspondientes a esa planta. Lo que se sintoniza en tales casos son hebras de conciencia propias de ese cuenco de la especie. Se entenderá entonces el peligro que supone el consumo de drogas llamadas “de diseño”. Como tales, son sintonizadores muy inestables. Puntos de encaje demasiado imprevisibles.
¿A dónde pueden llevarnos más que a la experiencia de un caos ontológico?
Nada hecho por la naturaleza de forma directa
esconde misterios superiores a la capacidad del hombre.
Pero lo que el hombre hace lo supera siempre,
y por lo general en direcciones insospechadas.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario